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Visitando al enfermo

¿Cuáles son las reglas para visitar a un enfermo? (Dimím de bikúr jolím.) Es deber religioso visitar a los enfermos, sean estos parientes o extraños, si hacer diferencia entre ricos y pobres, mayores o menores de edad, con igual respeto y consideración para todos, ya que según el Midrásh, Elohim Misericordioso bajó para visitar al patriarca Abraham cuando éste estaba enfermo.

La visita a un enfermo se hace con tres cosas, con el alma, con el cuerpo, y con el dinero. Con el alma significa elevarle la moral y orar al Creador por su pronto restablecimiento. Con el cuerpo: bañarlo, limpiarlo, cambiarlo de ropa y servirle al comida y medicinas. Con el dinero: proporcionarle, si es pobre, lo necesario para su bienestar material.

La persona enferma debe hacer la caridad por medio de alguien de su confianza, quien a su vez la distribuye anónimamente a una institución benéfica. El enfermo debe, así mismo, dejar en su testamento una cláusula especificando que sus herederos hagan beneficencia en su nombre; si tuvo negocios, debe arrepentirse de la deshonestidad que eventualmente hizo, y repararla si es posible.

Los que visitan al enfermo deben tener mucho cuidado en sus conversaciones, para no caer en el pecado de la maledicencia (lashón hará); por el contrario, deben hablarle cosas agradables al enfermo, a fin de cambiarle el humor para bien; se recomienda especialmente leerle pasajes bíblicos que lo aproximen al Creador.

Así mismo no deben hablar cosas fuera de lugar en presencia de mujeres o menores de edad, para que no lloren y aumenten la tristeza del enfermo.

Es bueno que el enfermo recite la confesión de los pecados escrita después de la Amidá del oficio de la mañana o de la tarde de los días comunes de la semana; y si el enfermo sabe leer bien y está consciente, podrá leer también el Lejá Elí de la noche de Kipúr, o el Vidúy Hagadól (confesión extensa) de este día. En el caso que no sepa leer o no esté en condiciones de hacerlo, debe pronunciar por lo menos estas palabras: «Refaéni Adonái Veerafé, Hosiéni Veivashéa, Ki Tehilatí Atá.» (Cúrame, Eterno, y seré curado, sálvame y seré salvado, pues tú eres mi loor.

En el caso de que el enfermo se niegue a pedir perdón, o a perdonar y hacer confesión alguna, no le obliga a nada de eso, limitándose los visitantes a pedir las piedades del Creador a favor del enfermo y por su pronta recuperación.

Si el enfermo no desea recibir visitas, y alguien insiste en verlo, éste no debe entrar al cuarto sin consentimiento. Igualmente si el enfermo tuvo divergencias con alguien y éste insiste en pedirle perdón, no deberá ver al enfermo antes que este último consienta perdonarlo.

La persona enferma debe antes que nada tratar de devolver todo lo que le prestaron o confiaron, como: dinero, objetos, etc., puesto que la primera cosa que le preguntarán en el Juicio Divino es: ¿Fuiste honesto en tus negocios, trabajo, empleo, y asuntos monetarios y de bienes materiales en general? Y también le preguntarán: ¿Fijaste tiempo para el estudio de la Toráh?

La persona que visite al enfermo debe exhortarlo delicadamente a reparar cualquier error cometido en vida: engaños, maledicencias, falta de respeto a los rabinos, a los superiores, etc., y también debe exhortarlo a que perdone, a su vez, a aquellos que le hicieron el mal. Esta es una de las condiciones en el judaísmo para que Elohim perdone los pecados de cada uno, y según se deduce de este versículo: Miquéas 7:18 - «¿Quién es un Êl como tú, que perdona la maldad y remite la transgresión; que no ha mantenido su ira para siempre contra el remanente de su propio pueblo, porque se deleita en la bondad?»


(Basado en el Sidur Hamercáz, págs 577, 583, 591.)

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Enviado por Sara Moreno el Jue, 01/11/2007 - 10:00am.



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