1. Para interpretar correctamente las Escrituras Sagradas, debemos usar las Escrituras Hebreas (el Tanakh) como la base de nuestra enseñanza. Luego debemos interpretar los Escritos Apostólicos a través de las enseñanzas del Tanakh, reconociendo que hay una completa armonía en la Palabra, para así lograr una sana enseñanza (Jn. 10:35). En los Escritos Apostólicos encontramos que se hace referencia repetidamente a la Ley (Torah), a los Profetas (Neviím) y a los Salmos (Ketuvim): en otras palabras, la Palabra del Todopoderoso YHWH (Mt. 4:4; Jn. 5:39; Lc. 24:44-46; 2 Ti. 3:14-17; Is. 8:16, 20; Hch. 17:11). El Tanakh vio un cumplimiento parcial en los relatos que se registran en los Escritos Apostólicos, mientras que hallarán su cumplimiento pleno en los años que seguirán a la segunda venida del Mesías nuestro Salvador.
2. Hay un solo Todopoderoso Padre celestial que está sobre todo y todos, a quien debemos nuestra reverencia y adoración (Dt. 6:4, 13; Mt. 4:10; 1 Co. 8:4-6).
3. El Mesías ha venido en forma humana como el hombre reconocido como el Salvador en los Escritos Apostólicos, que pre-existió con el Padre (Jn. 16:28-30; Sal. 2; Miq. 5:2; Jn. 17:5; Flp. 2:5-8); que nació de una virgen (Mt. 1:18, 23; Lc. 1:26-38); que vivió una vida sin pecado (1 P. 2:22); que mediante su muerte en el madero del Gólgota podemos tener expiación de nuestros pecados (Is. 53, Heb. 9); que resucitó al tercer día (Mt. 12:40; 1 Co. 15:1-8) para darnos la esperanza de la resurrección también (Ro. 5:6-12; 1 Jn. 5:9-13).
4. Es necesario y muy importante para nuestra relación con el Todopoderoso que aceptemos el Nombre personal revelado de nuestro Padre Celestial YHWH y el nombre de Su Hijo, nuestro Salvador Yahoshúa el Mesías. Afirmamos también que la más exacta transliteración de estos nombres del hebreo al castellano es la presentada aquí (Éx. 3:14-15; Sal. 68:4; Sal. 83:18; Is. 42:8; Is. 52:6; Hch. 4:12).
5. El espíritu de santidad es el potente poder que proviene del Padre Celestial y del Mesías, que mora en nosotros, de modo que podamos tener la habilidad y la fortaleza para poner nuestras vidas en un estado de plenitud que agrade a nuestro Padre Celestial (Jn. 14:15-27). La doctrina trinitaria es extraña a las Escrituras Sagradas. El espíritu de santidad se imparte a los creyentes obedientes por la imposición de manos de los Ancianos de la Congregación después de la inmersión de dedicación (Hch. 19:1-6; Hch. 8:14-24; 1 Ti. 4:14; Hch. 2:38; Hch. 5:32).
6. Como hijos obedientes es necesario obedecer todos los mandamientos, estatutos, y juicios (excepto las leyes relativas a sacrificios rituales de animales) que el Padre Celestial le dio a Israel para constituirlos en un pueblo separado (Lv. 20:7-8; Dt. 6:6-9, 25; Dt. 7:6-11; Mt. 5:17-20; Ro. 7:12). Ahora es posible mediante el espíritu de santidad obedecer esos mandamientos por fe para nuestra consagración (Ef.. 2:8-10; Stg. 2:17-20). Ahora presentamos un sacrificio espiritual más bien que sacrificios de animales, comidas, y ofrendas de bebidas (Heb. 13:15-16; 1 P. 2:5; Ro. 12:1; Flp. 4:18).
7. El pecado es la transgresión de la Ley (la Torah) de YHWH (Lv. 4:2, 13, 27; 1 Jn. 3:4). Lo que no está prohibido en la Torah no es pecado, aun cuando pudiera parecer inapropiado para algunos. Lo que no se ordena en la Torah no es obligatorio, aun cuando pudiera ser apropiado para algunos.
8. A fin de librarse del pecado, una persona debe aceptar la sangre derramada de Yahoshúa el Mesías como expiación y vivir en sumisión a la voluntad del Padre Celestial por medio de obedecer Sus Leyes (Miq. 6:6-8; 1 Jn. 1:7; 1 Jn. 2:2; Heb. 10:26-31; Ef. 1:6-7). YHWH le ha concedido gracia (bondad inmerecida o misericordia) a todos los que obedecen su Ley (Ro. 3:24). La gracia no es una licencia para vivir como a uno le plazca (Jud. 4).
9. La inmersión en agua es un acto necesario después del arrepentimiento (Hch. 2:38; Mt. 3:13-17); esta inmersión se hace en el nombre de Yahoshúa el Mesías (Ro. 6:3-6; Jn. 5:43; Jn. 14:26); esta inmersión indica simbólicamente una limpieza interior (Ro. 6:7-23; 1 Co. 10:1-10). La inmersión, excepto en raras instancias, es un paso necesario para recibir el espíritu de santidad (1 P. 3:21).
10. La obediencia a los mandamientos del Todopoderoso YHWH incluye la observancia y la santificación de sus festividades ordenadas en Levítico 23 y Números 28-29.
11. El séptimo día de la semana, el Shabat, (llamado comúnmente sábado) se sostiene tanto en el Tanakh como en los Escritos Apostólicos (Éx. 20:8-11; Mc. 2:27- 28; Lc. 4:16; Heb. 4:4-9). El Shabat es una señal entre YHWH y su pueblo (Ex. 31:12-17).
12. Los meses bíblicos se determinan por los novilunios visibles en Jerusalem (Dt. 16:1). El primer día de cada mes se identifica por la aparición del novilunio. Las Escrituras indican además que la Ley saldrá de Sión en el Milenio (Is. 2:3); los días santos serán entonces establecidos desde Jerusalem (Is. 66:23). El día escritural comienza y termina con la puesta del sol (Lv. 23:32; Mc. 1:32).
13. La Cena Memorial de la Pascua (Pésaj) en esta Era Mesiánica es también el Memorial anual de la muerte de nuestro Salvador. El Memorial de Pascua ha de observarse en la tarde del día 14 del mes bíblico de Abib, tras la puesta del sol, al final del día (Éx. 12:3-14; Nm. 28:16; 1 Co. 5:7-8; 1 Co. 11:23).
14. En la observancia de la Pascua se utilizan los mismos emblemas que se han utilizado siempre. El pan inleudo (matzot) es símbolo del cuerpo quebrantado de nuestro Salvador (1 Co. 10:16; Éx. 23:18). El vino tinto es símbolo de la sangre derramada (heb. yayin, ‘asis) de nuestro Salvador (Mt. 26:27-29; Is. 65:8-9; Dt. 32:14). El día 14 de Abib no es un Shabat (Dt. 16:3-4). Es el día de preparación para la fiesta de los Inleudos, el día anterior al Shabat anual (Mc. 15:42; Lc. 23:54; Jn 19:31, 42; Éx. 12:18; Éx. 34:25).
15. La Fiesta de los Inleudos (Ácimos) se observa desde el día 15 hasta el día 21 (inclusive) del mes de Abib; durante este periodo comemos pan inleudo en nuestras comidas (Lv. 23:6), mientras simbólicamente nos limpiamos de todo lo que corrompe, queriendo decir la falsa enseñanza que lleva al pecado (1 Co. 5:6-8; Mt. 16:12; Mc. 8:14-15; Lc. 12:1). El primero y el último días de esta observancia se observan como shabatót (días de reposo) y convocaciones para confraternización y alabanza de nuestro Padre Celestial (Éx. 12:15-20; Nm. 28:17-25; Hch. 20:6-7).
16. La Fiesta de Shavuót (Pentecostés) ha de observarse siete semanas después de Pascua, comenzando nuestra cuenta con el día siguiente al sábado semanal que cae en Pascua o durante la semana de los Inleudos (Jos. 5:10-12). Shavuot (Fiesta de las Semanas) se observa siempre en el primer día de la semana (Lv. 23:9-21; Hch. 2). Encontramos que ese fue el día del derramamiento del espíritu de santidad sobre la comunidad nazarena original, y fue también el tiempo cuando Israel ratificó la alianza con YHWH dada en el Monte Sinay.
17. Observamos la Fiesta de las Trompetas (Yom Teruah) en anticipación del regreso de nuestro Salvador que viene del cielo a por su esposa, la congregación (Lv. 23:24-25; Nm. 10:1-10; Nm. 29:1; 1 Ts. 4:16).
18. El ayuno del Día de la Expiación (Yom Kipur) ha de observarse como un memorial de la expiación que realizó por nosotros nuestro Salvador en el madero del gólgota. Este día ha de observarse como un estricto Shabat y día de ayuno (Lv. 23:27-32; Hch. 27:9).
19. La Fiesta de las Cabañas (Sukot) ha de observarse en esta Era Mesiánica como un preámbulo del reino milenario de YHWH (Lv. 23:34-39; Jn. 7:1-39; Zac. 14:16-21). La Fiesta de las Cabañas es una fiesta de siete días, siendo el primer día una convocación sagrada, mientras el día octavo, llamado el Último Gran Día, ha de observarse como una convocación sagrada también (Jn. 7:37).
20. Nuestro Salvador Yahoshúa el Mesías establecerá el Reino de YHWH, el Reino de los Cielos, en esta tierra (Sal. 115:16; Pr. 11:31; Mt. 5:5; Rev. 5:10). Este Reino Milenial prevalecerá por 1,000 años y será establecido por el Mesías Yahoshúa en su segunda venida. En ese tiempo la justicia se establecerá como el orden del día, y esta tierra será convertida en un paraíso edénico que el hombre perdió originalmente por el pecado (Is. 11:1-10; Mt. 6:10). Después del Milenio, se producirán (un nuevo orden mundial) un nuevo cielo y una nueva tierra (Is. 66:22; Rev. 21:1).
21. Las Escrituras enseñan un castigo eterno para los impíos pero ese castigo será la destrucción completa en el lago de fuego (Guehinóm), y rechazamos la idea de un tormento eterno en un infierno eternamente ardiente (2 Ts. 1:7-10; Mal 4:1-3; Sal. 37:20-22; Is. 33:12; Mt. 25:46; Jud. 7). La Escritura enseña la existencia de un diablo (ha satán) literal (Gn. 3:1-15, Zac. 3:1-2, Mt. 4:1-11, 1 P. 5:8, Rev. 12:9). Satán será destruido al final del Milenio (Ez. 28:18-19, Ro. 16:20, Rev. 20:7-10).
22. La adherencia a la ley de carnes puras en impuras en Levítico 11 y Deuteronomio 14 permanece en efecto y vigente en nuestra era, y es importante para nuestra salud física (2 Co. 6:16-18).
23. Las Escrituras enseñan la unción con aceite en el nombre de YHWH y en el nombre de Yahoshúa el Mesías para sanación de enfermedades. El servicio de unción debe hacerse con al menos dos ancianos si es posible (Stg. 5:13-20; Ex. 15:26).
24. Con el fin de sostener la obra de enseñanza y educación, todo miembro del Cuerpo del Mesías está llamado por la ley de las Escrituras a dar ofrendas y diezmos (el 10 por ciento de sus ingresos o ganancias) a la congregación local (Pr. 3:9). No para lucro de una persona sino para el funcionamiento de toda la Comunidad Nazarena. Estos diezmos pueden entregarse en cualquier momento del mes o del año para edificación de la obra educativa y de restauración israelita (Mal 3:8-12; Lv. 27:30-33; Mt. 23:23). Los oferentes pueden comer de su diezmo durante las Fiestas sagradas, y también compartir con los pobres (Dt. 14:22-26, Dt. 14:27-29, Dt. 26:12-17).





