El gran sabio Maimonides no se conformó con señalar la trascendencia decisiva de la tzedaka, y destacar su jerarquía espiritual, sino que ingresó en planos más profundos. Se planteó que hay diversas maneras de ayudar al prójimo y construyó su celebre “escalera de la tzedaka”. Buena parte de la discusión sobre políticas sociales en nuestro tiempo gira en derredor de los conceptos que planteo hace ocho siglos este precursor visionario de cómo atacar la pobreza.
La escalera tiene ocho niveles y Maimónides delineó diversos criterios por los que se sube o se baja en ella.
El primer criterio es la identificación con ayudar. El nivel más bajo de los ocho es el que ayuda pero “con dolor o enojo”. Lo hace presionado por el consenso social, u otra razón externa, pero no quisiera hacerlo. En el séptimo nivel se da con amabilidad pero “ menos de lo que se necesita”. Hay poca generosidad, sigue primando el egoísmo. El sexto nivel es dar “una vez que haya pedido”. No hay una actitud activa de anticiparse al otro, y asistirlo. Sólo se actúa cuando el otro lo está pidiendo. El compromiso sigue siendo limitado. En el quinto nivel ello se supera. Lo describe como “darle en mano al pobre antes de que pida”. Allí aparece la idea de un involucramiento importante con el dar, que genera esa anticipación, y los inicios de un segundo gran criterio, el anonimato en el dar. En este caso, el aportante y el pobre saben bien quien es el otro, no hay anonimato ninguno.
En el cuarto nivel de la escalera, Maimonides pone el foco en el gran problema de proteger la dignidad de los que reciben, a quien todo su pensamiento considera iguales, sin ningún demérito por ser pobres. Retrata este nivel en estos términos: "que el pobre sepa de quien recibió pero el donante no sepa a quien dio, como hacían los sabios que envolvían el dinero en un lienzo y lo arrojaba hacia atrás, y venían los pobres y lo recogían para que no pasaran vergüenza”. El donante está teniendo en cuenta la dignidad del asistido. El tercer nivel, va aún más lejos, el donante planifica cuidadosamente que el pobre no sepa de quien recibió para que su dignidad este bien a salvo. Lo describe así: “el que da de manera que el donante sepa a quien dio, pero el pobre no sepa de quien recibió, como lo hacían los grandes sabios que iban en secreto y arrojaban el dinero en las puertas de los pobres. Es conducta digna de seguirse y gran mérito”.
En el segundo nivel de la escala, el anonimato es total. Todo el tema de la estigmatización que puede significar el identificar a los pobres, la vulneración a la autoestima que ello produce, que ocupa mucho espacio en las políticas sociales actuales, es resuelto protegiendo al máximo el anonimato de todos los participantes. Siempre ilustrando con ejemplos concretos, Maimonides describe así este nivel: “es el del que da caridad a los pobres sin saber a quien ha dado y sin que el pobre sepa quien le dio -es decir una buena acción hecho por el sólo mérito de cumplirla- como ocurría con la Cámara secreta que estaba en el Templo donde los justos daban en secreto y los pobres de buena familia venían y reciban su sustento también en secreto”.
El nivel más alto de la escala introduce un criterio adicional al compromiso y el anonimato, es el de pensar no sólo en la ayuda a necesidades inmediata sino en como garantizar el futuro de la persona que requiere asistencia.
Este criterio de Maimonides es hoy el gran principio orientador de los programas sociales más avanzados del Continente y del mundo, y la guía rectora de los esfuerzos de organizaciones como las agencias de la ONU, muchísimas ONGS y otras. Ellas lo llaman “sustentabilidad”, crear condiciones para que la comunidad asistida pueda autosustentarse en el futuro. A fines del siglo XII, Maimonides anticipándose tantos siglos lo planteó así: “El más alto y supremo de todos los niveles de la tzedaka es el del que acude en ayuda del judío necesitado, dándole un obsequio o un préstamo, o tomándolo como socio o proveyéndole de una tarea que pueda hacer hasta que se recupere y no necesite acudir más a la ayuda”. Agrega citando al texto bíblico “Lo sostendrás al forastero como al residente para que viva contigo” (Levítico XXXI, 25), es decir que lo sostiene para que no caiga y no necesite más”. La ayuda más importante de todas es la que abre una oportunidad de trabajo, a través de medios concretos. Uno de ellos el préstamo, con lo que Maimonides está abriendo camino a lo que es hoy uno de los principales canales de las iniciativas sociales más avanzadas, el microcrédito, o más allá tomándolo como socio, o dándole un trabajo. También aclara que este primer nivel de la Tzedaka no sólo debe aplicarse a los miembros del propio pueblo, los judíos necesitados, sino a todos, también al “forastero”. Está pregonando la inclusión social universal.
Maimonides es un hito en la historia de la filosofía universal, es un pionero de las ciencias medicas, fue un innovador en muchas ramas científicas de sus tiempos, es un guía espiritual decisivo en la historia judía, donde sus textos nunca fueron superados, y siguen siendo una de las fuentes más empleados y respetadas, pero a todo ello debe sumarse que en el homenaje a sus 800 años, deben incluirse sus contribuciones de excepción al más quemante de los problemas de este Continente y de nuestro mundo, la pobreza que condena a millones a sufrimientos diarios enormes. Sus ideas iluminadoras sobre la prioridad que se le debe dar, la necesidad de que la sociedad se organice frente a ella, la jerarquía espiritual superior de quienes se entregan a ayudar, la importancia de los principios de compromiso, anonimato, y sustentabilidad en las políticas sociales, tiene la más alta actualidad, y vigencia. Probablemente la mejor manera de homenajearlo sea luchar activamente por llevar adelante en la práctica estas orientaciones frente a estos niveles de pobreza intolerables. Será la única manera de mostrar como él lo planteaba que somos seres humanos justos, dignos de provenir de Abraham el de las buenas acciones permanentes.
Bernardo Kliksberg (en Iton Gadol) - 2004





